CanalTravino y D. Alejandro Fernández

Con un pesquera en una mano y la otra en el corazón.


Publicado 29-05-2021





Recuerdos de mi adolescencia, en un día soleado de junio por tierras zamoranas.


Mi padre me había preguntado unos momentos antes, que si me apetecía acompañarle a conocer y comer en una bodega. Según me lo comentó ya estaba entusiasmado, no sabía dónde era, pero sí quería ir.


Me preparé para la ocasión, conocía como vestían todos los amigos que asistirían; "me puse guapo" sabía que era una comida de trabajo o al menos eso le dijo a mi madre.


Nos dirigimos hacia Fuentesaúco, los mejores garbanzos son de este pueblo, los he probado. Desde aquí y por Fuentelapeña, nos dirigimos a Vadillo de la Guareña, y por un camino casi intransitable vislumbramos nuestro destino.


Entramos por entre un montón de viñas y viñedos, ahora sé que de Tempranillo y al fondo estaban unas grandes naves era La Bodega Dehesa de la Granja.


Empezaron a llegar todos los convidados y acerté todos impolutos, me preguntaba, ¿Qué necesidad de venir así vestidos a un lugar como este, en medio del campo donde no los vería nadie?, pero… haya ellos.


Alguien salió a recibirnos, saludo a mi padre como si se conociesen de siempre y pasamos a realizar una visita a la bodega antes de empezar a comer, ya tenía hambre. 


No explicaron muchas cosas, yo pensaba en otras, en mi memoria tengo una gran cueva llena de cubas que debían estar construidas hacia 1750, (que memoria que tengo).


Una vez que empezamos a comer y otros a catar vinos, yo aún no tenía edad, todos estaban bastante más contentos y animados. En ese momento la persona que dirigía "aquello" comentó que Alejandro Fernández que por una casualidad del destino se encontraba por allí pasaba a saludarnos.


Estaba expectante, mi padre muchas veces había hablado de él. Esperaba ver una persona vestida como todos los que allí estábamos, pero no, llegó un señor, para mí mayor, como mi abuelo, vestido de campo con las botas de tierra y lleno de polvo.


Saludó a todos los congregados, vendió su bodega, su vino, sus vinos, todos sus vinos... Me gustaba lo que contaba, pero no había acabado todo…


Se acercó a mí, era el más jovenzuelo, como habréis podido imaginar. 


"¿Tú aún no bebes un poco de vino?? Me ruboricé, me daban ganas de probarlo… mi padre salió al quite…


D. Alejandro me preguntó "¿Te aburres?", no esperó mi contestación, "vente conmigo", dijo. Salimos fuera y nos dirigimos al viñedo, me empezó a explicar la labor en la viña desde que pones el plantón hasta verlas como estaban en esos momentos; yo conocía el proceso, mi abuelo también tenía un pequeño viñedo y lo había acompañado muchas veces, fue una conversación muy amena y entrañable donde me hizo protagonista de su saber hacer.


Cuando llegamos de nuevo a la bodega le pregunté, por hacerme un poco el interesante, la pregunta más tonta, ahora lo sé: ¿Cuál es el mejor vino?; 


"El mejor es el mío" esbozó una gran sonrisa y por fin dijo: "el mejor vino es el que a ti más te llene y sobre todo el que compartes y te haga feliz, no hay secretos más que el tuyo; eres muy joven aún, pero veo que con buenos principios".


Como podéis imaginar cuando me vio mi padre parecía otro, lleno de polvo y los zapatos no parecían míos.


No lo volví a ver, pero en mi memoria tengo un recuerdo que no he podido olvidar, cuando recibí la noticia de su fallecimiento me entristecí y me sobrecogí de tal manera que me puse a escribir para no olvidarme nunca de aquel momento y decidí publicarlo en mi blog, y compartir mi experiencia con todos vosotros.


Soy un amante del vino desde antes de probarlo, como he comentado mi abuelo ya lo era, mi padre también, y yo gracias a D. Alejandro seguro que más aún.


Levanto mi copa de vino con todos los amigos que me leen y con todos los amantes del vino para brindar por usted D. Alejandro. Seguro que allí arriba habrá un hueco para plantar una viña y volver hacer los espectaculares caldos a los que nos tiene acostumbrados. 


También ganará premios, menciones y medallas de Oro Divinas, porque un buen vino, como el suyo, como el mío, le gusta hasta a los ángeles.


Aunque espero que no sea pronto "La próxima la tomamos juntos D. Alejandro".



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